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jueves, 1 de octubre de 2015

LA VIDA ROMANA: ETAPAS SOCIALES

En la Antigua Roma, tanto el hombre como la mujer tenían una serie de papeles sociales asignados y en raras ocasiones se salían de ellos. La función de la mujer era el matrimonio y asegurarse de traer descendencia y por tanto la continuidad familiar con ello. En cuanto al hombre, su labor era la de servir al Estado. En función de estos papeles diferenciados se dividían las diferentes etapas de la vida de los antiguos romanos. 



Hasta cerca de los 7 años de edad la distinción por sexos no existía, eran llamados “infans”, el que no habla. A partir de esa edad, para la mujer se abren tres etapas en su vida, siempre en función de la capacidad reproductora, pero sin poner límites de edad. Las jóvenes doncellas, aptas para la reproducción, pero que todavía no se han casado, recibían el nombre o apodo de “puella” o “virgo”; las que ya habían contraído matrimonio, en función de que ya fueran madres o no eran denominadas “uxor” (esposa) o “matrona” que significa madre de familia. Finalmente, cuando la mujer había cumplido ya su ciclo reproductivo recibía el nombre de “anus”. 

En el caso de los hombres, si que estaban más delimitados los grupos en relación a las edades. Recibían el nombre de “puer” entre los 7 y los 17 años, era la etapa reconocida por la formación académica; eran reconocidos como “adulescens” entre los 17 y los 30 años de edad, también era una etapa de formación, pero de corte mas cívica y militar. “Juvenis” entre los 30 y los 46 años, es la etapa de plenitud física, el momento de poner en práctica todo lo aprendido en su formación con las etapas anteriores.“Senior”, entre los 46 y los 60 años, el Estado cuenta mas con su experiencia, sobre todo para la formación de los más jóvenes, que con su vigor físico. “Senex”, entre los 60 y los 80 años, la etapa de servicio al Estado ya ha concluido y ahora solamente se recurre a ellos en ocasiones muy marcadas y excepcionales, cuando lo que realmente cuanta es la sabiduría y la experiencia de toda una vida. Finalmente, los pocos que superaban los 80 años recibían el nombre de “aetate provectus”. 

Hay que hacer hincapié en que esta jerarquización de los varones romanos se lleva a cabo y se oficializa en los ciudadanos de pleno derecho, que eran los que podían entrar al servicio del Estado, o al menos para ello se concibió esta división pero en realidad se aplicaba a todo ciudadano varón, sea romano o no.



Por JESÚS CAMPOS MÁRQUEZ
Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla