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jueves, 18 de diciembre de 2014

HITLER: EL IMPERIO DE LA MAGIA NEGRA

El Tercer Reich, un entramado cultural, político y económico brutal, un entramado mágico y ocultista, donde sus participantes tenían intima relación con el mundo esotérico, entre ellos el propio Adolf Hitler.


Con el partido nazi paseándose por las calles de Alemania, las cruces cristianas fueron reemplazadas por las esvásticas, una forma muy directa de establecer el gobierno de la magia por encima de la religión. Los años 30 del siglo XX fueron denominados como el Siglo de Oro del ocultismo, donde Hitler era un fanático de las ciencias ocultas, y junto a ello era un gran conocedor de las tradiciones germánicas, esta mezcla seria peligrosa para el mundo. Con apenas 16 o 17 años, Hitler desarrollo un fuerte sentido mesiánico en sí mismo, su pensamiento solo tenía un objetivo: el desarrollo de una nueva clase de jefes, los cuales tendrían el honor de dirigir el mundo en su plenitud.

Años más tarde, cuando se hallaba consumido por el rechazo de no haber entrado en la facultad de Bellas Artes, vagando por las calles de Viena sin rumbo fijo, maldiciendo su suerte, todo ello no le impedía seguir estudiando para lograr su objetivo, sus libros trataban los mismos temas: el ocultismo, filosofía, política y mitología. Sufría una malnutrición por aquellos años, estaba tan sumergido en sus libros que apenas comía o descansaba, su fanatismo crecía con el paso de las horas.

Un día se encontraba en el Museo del Hofburg, la casa del tesoro de los Habsburgo, un sitio por el cual sentía repugnancia, pues consideraba anti germánico la exhibición de las joyas y cetros enjoyados. Pero hubo un objeto que captó su atención, una lanza, una lanza usada por un centurión romano, este centurión fue quien la clavó en el costado de Cristo en el momento de la crucifixión. Se decía que esa lanza tenia poderes mágicos y místicos, una lanza con el poder de hacer de su poseedor el hombre más poderoso del mundo. El mismo Hitler nos describe este momento: 

Supe de inmediato que aquél era el momento más importante de mi vida... Me sentí como un sonámbulo cuyos actos están dictados por la providencia”, explicaba años después. “Sin embargo, no
podía adivinar por qué un símbolo cristiano me causaba semejante impresión. Me quedé muy quieto durante unos minutos contemplando la lanza, y me olvidé del lugar en que me encontraba. Parecía poseer cierto significado oculto que se me escapaba, un significado que de algún modo ya conocía... Me sentía como si la hubiese sostenido en mis manos en algún siglo anterior, como si yo mismo la hubiera reclamado para mí como talismán de poder y hubiera tenido el destino del mundo en mis manos. ¿Cómo era posible aquello? ¿Qué clase de locura se estaba apoderando de mi mente y estaba creando tal tumulto en mi pecho?”

Con tan solo 21 años, Hitler se convertiría en el ave fénix, alguien que renace de sus cenizas para conquistar y dominar el mundo. Durante el transcurso de una batalla Hitler sufrió una ceguera a causa de un gas mostaza. Fue trasladado a un hospital militar del norte de Alemania, donde fue diagnosticado como una víctima de una histeria psicopática. Tras este diagnóstico, fue puesto bajo la tutela de un psiquiatra llamado Edmund Forster. Según el propio Hitler, durante las sesiones con ese psiquiatra tenia visiones de otro mundo, un mundo caótico y que era de vital importancia que recuperara su vista para que pudiera conducir a Alemania a la recuperación gloriosa. Según muchos autores, es en estos momentos cuando el antisemitismo de Hitler alcanza su mayor grado.

Con 30 años, Hitler se convierte en el Führer del Reich alemán, por fin vio cumplido su sueño, ese sueño que tenía desde joven, un sueño cargado de misterio, ocultismo y magia. Con ello, alzó con sus manos la lanza que tanto le encandiló de joven. Se encierra con esta lanza en una sala del museo, donde permanece horas y horas en silencia. Tras su encierro ordena que la lanza sea llevada a un bunker antiaéreo en Núremberg, la capital espiritual del movimiento nazi.

Hitler era proclive a ser un fanático total del ocultismo porque se veía rodeado por ello, muchos de los lideres del partido nacional socialista alemán eran ocultistas practicantes. En el año 1935, Hitler prohíbe las sectas religiosas, llevando a cabo una preselección de magos y brujos para tenerlos a su disposición en caso de guerra. La negativa de algunos de estos individuos llamados a filas suponía el arresto y llevada a los calabozos. El objetivo era formar un grupo de ocultistas que trabajara para las SS. Lo que empezó siendo un estudio erudito y metódico se había transformado en una loca carrera sin orden ni meta en la que ya no sólo corrían peligro su vida y su cordura, sino las de todo el país que le seguía ciegamente como líder indiscutible.

El mismo Hitler usaba el empleo de drogas para llegar a estados alterados de conciencia, así poder saborear más de cerca el mundo oculto, la magia de los desconocido. Esta práctica trajo sus consecuencias negativas: se volvió adicto al peyote, algo que él mismo definía como un vehículo que lo llevaba a estar en trance y poder comunicarse con los “superiores desconocidos”. El estudio de técnicas ocultistas estaban a la orden del día en la organización nazi, todo para ser empleadas como armas políticas y militares.


En definitiva, el regreso de la magia y la irracionalidad que dominaron el mundo en épocas anteriores era el objetivo del partido nazi. El partido político como una secta ocultista, un arma de selección de las razas inferiores y lograr la purificación mágica de la estética alemana. Una etapa de la historia donde el imperio de la magia gobernaba el mundo. 


Por JESÚS CAMPOS MÁRQUEZ