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jueves, 11 de diciembre de 2014

HASHISHINS Y EL ARTE DE LA MUERTE

El concepto asesino, hashishin, viene de la lengua árabe y significa “fumador de hachís”. Y el termino se extendió por la historia para clasificar a unos individuos que formaban parte de secta fanática musulmana, los cuales vivían para matar a los cruzados y aterrorizar a la sociedad enemiga de la lógica trascendental.


Esta historia comienza en el año 1034 con el nacimiento de un hombre que marcaría un antes y un después en la cultura islámica. Nació en la antigua Persia, actual Irán, y desde muy pronto se le notaron dotes de gran erudito, procuraba siempre conocer todas las doctrinas que se impartían sobre la teología. Estudió dentro de la escuela de los Chii, una comunidad islámica muy extremista, la cual se separó de los Sunitas por disputas sobre quien debería suceder al profeta Mahoma. Este hombre se llamaba Hasan bin Sabbah, creador de la orden de los asesinos.

Esa escuela de los Chii se encontraba en Egipto, donde Hassan fue encarcelado por diversos altercados políticos, todo por seguir la senda que se le marcó en la escuela, mostrarse reticente a todo lo escrito sobre el Islam, las doctrinas religiosas había que clasificarlas de dudosas y el autentico camino es: el mundo y las personas se sirven de acciones para ser destacados por encima de los demás, las acciones son las que hacen de un hombre alguien importante. Estando en Egipto, Hassan encuentra un lugar de residencia muy apartado, cerca del mar Caspio, se trataba de una fortaleza en las montañas de Qazwin. Esta fortaleza se bautizó con el nombre de Alamut (nido del águila). En este sitio fue donde Hassan fundaría su secta: Ismailites Nizari.

Los Hashishins se hacían llamar los miembros de esta secta, miembros que debían de pasar una prueba exhaustiva para poder formar parte del reino de Hassan. Se debía de jurar lealtad a la secta, debían de pagar como una especia de matrícula para poder entrar El castillo contaba con un jardín, conocido entre ellos como el “Jardín de las Delicias”. En este recinto Hassan mando traer aves y animales de todo el mundo, mandó plantar diversas plantas exóticas, la cuales serian usadas en los rituales. Hasta el propio Marco Polo visitó Alamut, cien años más tarde, justo después de su destrucción por los mongoles, relata cómo el venerable anciano de la Montaña drogaba con hachís a los futuros asesinos para trasladarlos luego a un paradisíaco jardín de las delicias, poblado por hermosas mujeres y ríos de vino, leche y miel. Tras este anticipo del paraíso, tras agasajarlos con delicias y el mismo paraíso los futuros asesinos eran devueltos a la vida ordinaria, convencidos de que a su muerte habrían de gozar indefinidamente de las delicias coránicas siempre que obedecieran sin reservas las órdenes de Hassan.

Los Hashishins combinaban las actuaciones exotéricas y esotéricas, doctrinas del Islam. Sabbah fue un alquimista notable, y un estudiante del sufismo, por lo que parte del plan de estudios iniciático para el futuro Hashishins involucrado dominar métodos ocultos para llegar a planos superiores de conciencia. Y, como no podía ser de otra manera, el arte de la muerte también jugaba un papel clave en todo este juego macabro. Se les enseñaban a matar, siempre conjugando las mismas armas, o un potente veneno o una daga escondida.

Se trataba de una secta multicultural, ya que los iniciados debían de saber varias lenguas para poder moverse mejor por el mundo, y también tener conocimientos sobre ropajes y cotidianidad de soldados y comerciantes. Conocer a la sociedad para poder manejarla a su antojo. Por otra parte, se les enseñó las creencias y devoción falsos para todas las grandes religiones de la época. Esto es interesante pues le daba la facultad de ser quien quisieran, conociendo los aspectos de otras culturas se hacían pasar por individuos de muchas lenguas y creencias. Tenían como maestros a las grandes mentes del Medio oriente, no por voluntad propia, sino porque secuestraban a esos genios para que fueran maestros en Alamut.

Esta secta contaba con su jerarquía de cargos, en lo más alto de esta clasificación de asesinos se hallaba el propio Hassan, reconocido como el “viejo de la montaña”, quien buscaba solo la trascendencia del alma, un dios lógico y justo. Por debajo de él había místicos, propagandistas y demás arma burocrática que los defendiera ante la sociedad. Y por ultimo hallamos a los asesinos. Estos últimos se conocían como los ángeles destructores, personas capaces de cometer cualquier acto por el bien común, incluso su propio suicidio. Se les reconocía por su tipo de vestimenta, muy característica: túnicas blancas con fajines rojos, ambos colores representaban a la inocencia y la sangre.

El asesinato como una obra de arte, matar como el pincel que tiñe de rojo sangre el lienzo social, y los asesinos son los artistas. Así se veían ellos, como jueces de lo no escrito. Eran muy inteligentes, pues no todo era matar a sangre fría, también el conseguir favores de posiciones altas de la burocracia les beneficiaba. Compraban ropajes y joyas para las mujeres de alta clase y juguetes para sus hijos.
Hassan bin Sabbah lo había logrado, consiguió transmitir sus ideales y aparte configurarlas en un complejo armonioso, donde el paso firme seria su ventaja. Vivió el resto de su vida en Alamut, encerrado en su despacho, escribiendo sus ideas en varios tratados teológicos, él mismo se definía así, palabras textuales: Yo prefiero ser siervo elegido por el Imam de su hijo indigno.

Hassan murió con 90 años, en el 1124. Nombró a sus dos generales sucesores de su creación, con ello, los Hashishins perduraron más de 100 años. En el 1256, Alamut fue conquistada por Hulagu Khan (gobernante mongol), hijo de Gengis Khan.