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domingo, 8 de junio de 2014

LUCIO CORNELIO SILA: “SOY LO QUE EL PUEBLO SE MERECE”

Lucio Cornelio Sila Félix (138 a.C-78 a. C), fue un general y político romano de la etapa tardo republicana. Cónsul en los años 88 a. C y 80 a. C, y dictador entre los años 81 a. C y 80 a. C. Este carismático individuo ha sido encasillado en los libros de Historia por su compromiso dictatorial, siendo bastante sagaz en sus actuaciones y demostrando que lo único que le impulsó a asaltar el poder fue la esperanza de poder salvar Roma, es decir, reformar el sistema oligárquico, sólo pretendía rejuvenecer el sistema vigente. Por esto y por muchas cosas más, Sila se ha convertido en uno de mis personaje por excelencia en la Historia, y por ello escribo esto, porque pienso que es un individuo demasiado importante para el desarrollo del Imperio Romano y a pesar de ello queda eclipsado por otros personajes, también importantes, pero que se ubican en la Historia gracias a Sila, es el caso de Cayo Julio César.

Como muy bien refleja el título de este escrito, Sila fue pieza clave política, económica y social en el desarrollo del Imperio Romano, tal y como lo conocemos hoy en día, y es debido a varios motivos:

En primer lugar, decir que este personaje fue el primer ciudadano romano en atacar su propia nación, atacó Roma con la ayuda de su ejército. Los ejércitos en este momento creaban unos vínculos muy cercanos con sus generales, siendo casi una familia muy numerosa, ello es que a pesar de estar bajo el poder del Senado romano, las legiones sólo obedecían a su general. Es por ello ver la importancia del apoyo militar a la causa de Sila, quien en buena parte fue engatusado para ello por sus legiones.
Tomó posesión de Roma, pero debe marcharse a seguir combatiendo contra las insurrecciones de Oriente, continuó al mando de las legiones que allí se hallaban, convertidas en su ejército personal, con el que prosiguió la Guerra de Mitrídates (88-84 a. C). Deja en Roma promulgadas una serie de leyes y reformas, obsequiando al Senado con el título de máximo órgano del gobierno en su ausencia. Esto es uno de los actos que conmemoran a Sila como un gran personaje histórico.

En segundo lugar, hacer hincapié en que por segunda vez toma posesión de Roma empleando la fuerza, produciéndose una guerra civil (83-82 a. C), algo asombroso ya que tenía muchos enemigos allí; Cayo Mario, los populares, etc. Tras esto, Sila se proclama dictador con poderes reconstituyentes para reformar la República (82-81 a. C). Intenta a su vez acabar con los enemigos de la oligarquía, por ello ataca a la facción popular (patrocinaban por medidas típicas de la izquierda política). Declara proscritos a 5.000 personas, los condena a pena de muerte sin juicio, por ello esta etapa es conocida por una inmensa crueldad por parte del dictador romano.

Y es en esta parte de la historia donde Sila cambia el curso de los hechos ya que, entre esos maltrechos populares se hallaba un joven llamado Cayo Julio César, el cual sobrevivió a esa masacre, Sila le perdonó la vida a causa de según su criterio, percibió algo en ese chico que le cautivó y no podía matarlo. Con este acto el dictador altera por completo la historia de su nación, si hubiera matado a César, este no podría haber sido emperador de Roma, no habría llegado a realizar las gestiones necesarias para hacer del Imperio el más poderoso del mundo, Sila hubiera seguido gobernando y su sucesor habría tenido la misma técnica de gobierno y viceversa.

En definitiva, Lucio Cornelio Sila dejó vivir a Julio César, y años más tarde, en el 79 a.C. considera concluida su labor y se retira de la vida pública con su joven esposa Valeria, a la postre la cuarta y última. Paso sus últimos días en su villa personal, muriendo en ella en el 78 a. C por un cáncer intestinal tras esta última etapa republicana. César ascendió al poder apoyándose en el estilo de Sila, poder unipersonal basado en respetar las leyes y las reglas, abarcando todos los aspectos de la sociedad. Todo ello lo realizará por la “mano dura”, todo por el poder militar, ya que fue un hombre de estado.

En conclusión, como diría el propio Sila:

“Piensan que soy malo, la imagen de la dictadura. Soy lo que el pueblo se merece. Mañana moriré como todos morimos. ¡Pero te digo que me sucederán otros peores!



Por JESÚS CAMPOS MÁRQUEZ
Estudiante de Historia en la Universidad de Sevilla